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jueves, 23 de diciembre de 2010

Brindis

Ya no hay chimeneas.

Ya no hay, entonces, gordos barbudos que salten de una a la otra, arrimándonos lo que anhelamos o lo que no esperamos pero que nos sorprende con una sonrisa.

Ya no hay cartas llenas de deseos que arrojamos a lo incierto y a lo mágico.

Ya no hay esa bronca por recibir ropa y no un juguete.

Ni ese encanto de no entender del todo de qué hablan los adultos en la cena pero intentarlo y querer ser parte de ello.

Ya no hay esa fascinación monolítica por los fuegos artificiales.

Ya no hay ese juego con chiches nuevos o con los restos de los fuegos artificiales, ese juego tan fuerte que crea y destruye mundos.

Ni no comprender porqué lloró la tía.
Ya no hay nada de eso. Pero, de alguna forma, cambiado, reinventado, sigue estando por ahí. Y por eso levanto mi vaso.

martes, 21 de diciembre de 2010

Desear

"La civilización empieza cuando el objetivo primario -o sea, la satisfacción integral de las necesidades- es efectivamente abandonado. (...) Lo que la civilización domina y reprime -las exigencias del principio del placer- sigue existiendo dentro de la misma civilización. El inconsciente retiene los objetivos del vencido principio del placer. El retorno de lo reprimido da forma a la historia prohibida y subterránea de la civilización. Y la exploración de esta historia revela no sólo el secreto del individuo sino también el de la civilización." Herbert Marcuse.


Desear. Ese es el único verbo que existe; los otros sólo son en relación con él.
Hay siglos y siglos amurallando este impulso, rebanándolo en cuotas emocionalmente económicas, tapándole la boca con barro y con prudencia, circunscribiéndolo a determinados tiempos y lugares.
Pero la bestia se retuerce, apuñalada. Se retuerce, atada, desangrada y rodeada. Se retuerce y al hacerlo gira el mundo.
Que no se simplifique. Desear no es sólo sexual. Ese es otro de los mecanismos para subyugar al verbo. Desear es erótico, lo cual contiene y excede a lo anterior.
Desear es un viento que arrastra de un puerto a otro. Desear comer, dormir, acariciar, besar, matar, reír, viajar, mirar, robar, amar, dañar, saltar, gritar, bailar... Cada uno de nosotros somos resultados distintos de cómo nos las ingeniamos para contener y permitir este viento.
El viento que es una brisa. Pues toda nuestra vida todo lo que nos rodea nos ha ido educando el impulso. Otorgándole tiempos y lugares apropiados, maneras correctas, duraciones estimadas.
Y si hay un problema con las brisas es que no se sabe hacia dónde soplan. Los puertos desaparecen. Y todo se vuelve pantano.
Eso es este lugar, esta oficina. Un pantano. El rincón donde los deseos vienen a morir. Hay, sí, alguno. Pero ya no es el verbo que crea, que empuja, que mata y que da vida. Es un andar haragán, embarrado, entre el deseo sexual por un/a compañero/a, el deseo de que sea viernes para creerse (equivocadamente) desprovisto de los mecanismos represivos y sí entregarse plenamente al deseo, el deseo de comer, de cobrar más, de estar en cualquier otro lugar, de dormir.
Miro a la gente que me rodea, a los rostros deserotizados, a las expresiones de tedio, y me pregnto. Me pregunto si les amputaran estas restricciones, si les arrancaran el pudor y la idea de futuro, si los arrojaran desnudos de prejuicios al ahora, me pregunto qué harían. Qué violencias, orgasmos, odios, dichas y peleas despuntarían en ellos. Qué verbos irrumpirían en esta vida de adjetivos.

viernes, 17 de diciembre de 2010

A un paso de la tempestad

Va a llover. Va a llover pronto. Va a llover. Me lo repito una y otra vez, como un mantra, como un conjuro o, tal vez, como una incitación. Debe llover.
Juega en mi contra que pronosticaron lluvia. Y todos sabemos que al clima no le gusta concordar con lo que los meteorólogos argentinos vaticinan.
Juega en mi contra, también, que es viernes. Que mi mantra es visto con ojos iracundos por los de la oficina. Ellos desean un fin de semana desprovisto de lluvias.
Allá ellos con su postergación de la felicidad hasta el fin de semana, necesitando que todo salga perfecto en el mismo.
Allá ellos con su negligente concepción de lo perfecto que deja de lado a la lluvia.
Allá ellos con su engaño de que en los fines de semana dejan de bostezar.
Allá ellos con el dolor placentero que le representan los lunes, como hipocondríacos regodeándose siempre en una nueva enfermedad.
Allá ellos.
Porque va a llover. Va a llover pronto. Va a llover a cántaros. El diluvio, un poroto. Va a llover y llover y llover.
Allá ellos, en sus casas, mirando a través de la ventana. En la misma verán su reflejo, dividido entre el afuera y el adentro. Y en ese reflejo verán a su bostezo. Verán a ese parásito que es el bostezo. Verán que el mismo ha conquistado la totalidad de quienes son. Que ha devorado sus intereses, sus curiosidades, sus inquietudes, sus virtudes.
Se verán como un gran bostezo reflejado en la ventana de un monoambiente en un sábado lluvioso. Y me verán allá, en la calle, bailando bajo la lluvia. No hay nada más efectivo para contrarrestar al parásito del bostezo que bailar bajo la lluvia.
Va a llover. Va a llover pronto. Me lo repito una y otra vez, como un mantra, como un conjuro o, tal vez, como una incitación. Debe llover.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

¡Mañana fiesta abismal!

Si el mundo fuera (y lo es) un bolero
Esta fiesta sería como Manzanero
Autopistas de absurdo nacerán del bar
Desparramándose por acá y por allá.

La cita es mañana a partir de las ocho
Si venís me pondrías muy chocho
Es en Guardia Vieja 3460, a dos del Abasto
Está tan pero tan cerca como la tierra del pasto.

No habrá jirafas, unicornios ni King Kong
Pero sí pool, metegol y hasta ping pong
No habrá ni una estatua viviente ni un mormón
Pero sí música, arte y, en la calle, un dibujo de Perón.

Si no venís te diré que sos gai
O que sos una lady of the night
Me pongo agresivo como un sismo
Si no te venís a la fiesta del abismo.

martes, 14 de diciembre de 2010

¡Sexo! ¡Escándalo! ¡Muerte! ¡Dinero!

¿Capté tu atención? Jueves 16. ¡Jirafas! Fiesta abismal. ¡Tallarines! Guardia Vieja 3460. ¡Vikingos! Exposición de artes. ¡Tobogán! A partir de las 20 hs. Magia.

lunes, 13 de diciembre de 2010

¡Jueves 16! Fiesta abismal

Sabés que va a haber rock. Sabés que va a haber música gitana. Y hasta hip hop islandés. Sabés que va a haber exposición de fotos, dibujos y locuras. Sabés que van a estar los integrantes del cumpleañero programa de radio "El abismo de la obviedad." No sabés dónde ni cuándo. Pues bien, es el jueves 16 de diciembre en Guardia Vieja 3460 (en el bar "Le troquet de Henry"). A partir de las 20 hs.


Don´t be a whining bastard. Come! Come with friends! Come with the sexual partner you´re not (so) ashamed of. You can bring anyone. Anyone but Edgar Allan Poe. There´s a black cat in the bar and we all know that Edgar Allan Poe and black cats do not see each other in the eye.

Oui, oui. La fête est ce jeudi. Oui, le vendredi on travaille. Mais il y a soulement une vie. Tu veux vivre ou tu veux dormir? Qui es-tu? La beauté endormie? Putain!

Io sono un pazzo, si. Ma anche tu. Si, tu sei un pazzo. Un pazzo fuori del pazzo normale. Un pazzo molto pericoloso. E i pazzi pericolosi escono e bevono e ballano. Dove? Nel bar. Che bar? Dici sul serio? Non mi rompere le palle!

Þú ert að fara að hafa mikinn tíma! Til að fá sér í glas. Að dansa. Og ef til vill, ef þú ert heppin, þá verður þú kynlíf í baðherberginu. Ó, já. Allt getur gerst. Nei Það verður ekki gíraffa.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Olores

El olor a lluvia que es olor a entrecasa.
El olor a nafta que es olor a viaje.
El olor a tostadas que es olor a infancia.
El olor a café con canela que es olor a domingo de películas, de facturas y de cama.
El olor al primer cigarrillo del día que es olor a calma.
El olor a madera que es olor a verano y a abrazos y a casa.
El olor a la piel de ella que es olor a felicidad.
El olor al viento jugando entre las copas de los árboles que es olor a sonrisa.
El olor a chocolate que es olor a noche.
Podría estar sintiendo alguno de todos esos olores. Pero no. No. Siento otro ahora.
El olor a axila transpirada del gordo Spam que es olor a agonía.