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jueves, 17 de diciembre de 2009

La venganza será invisible

Una de cada tres palabras que me dice el gordo Spam es Ricardo. La otra es Fort. La tercera, mirá. Acompaña a la tríada con un link, generalmente de YouTube. Al menos es multimedia. Ramiro, por su parte, tal vez minimalista o tal vez despojado de elocuencia, me envía los mismos links pero envueltos en silencio.
Tiempo atrás los dos, cada cual por su lado, recurrían una y otra vez a otro tema de conversación. Sobre cómo salían con la hermosa Majo.
Este cambio repentino de interés no es de extrañar. En la oficina a menudo uno se obsesiona con determinados temas y los transita a diario, recorriendo diarios y charlas. Lo que sí es de extrañar es cómo una mujer como Majo podía estar saliendo no sólo con uno de estos esperpentos sino con dos.
Resultó, como lo son a menudo los temas con los cuales uno se obsesiona en la oficina, un rumor. Ramiro y el gordo Spam se inventaron un amorío inexistente.
Podría, como ellos lo hubieran hecho si se habría tratado de otra persona, volver a semejante descubrimiento en un chisme. Ir por acá y por allá susurrando sobre cómo mintieron un romance. Murmurar desde las sombras de la máquina de café sobre cómo la pobre y hermosa de Majo quedó desconsolada.
Pero no.
Y no es que mi alternativa no es más digna. No. Es simplemente más mía.
La venganza.
No es muy difícil crear una cuenta de MSN falsa cuya dirección se asemeje al nombre y apellido de Majo.
No es muy difícil hacerse pasar por ella. Más aún, teniendo su consentimiento.
No es muy difícil que el gordo Spam y Ramiro me acepten con esta cuenta en sus respectivos MSNs.
No es muy difícil obviar contestar que soy Majo pero dejar a entender que lo soy. Después de todo, la desesperación construye certezas sobre incertidumbres.
No es muy difícil hablar con el gordo Spam y Ramiro en la misma noche por el MSN.
No es muy difícil hacer copy paste con cada uno y así y todo hacerlos creer únicos. Ni calentar un poco el ambiente. No es muy difícil pero sí muy asqueroso.
No es muy difícil percatarse que ninguna de sus direcciones de MSN contiene su nombre o su apellido.
No es muy difícil decirles que la dirección de MSN que estoy usando por algún motivo no me deja ni ver ni mostrar mi webcam y que quiero mostrarles como me toco y verlos tocarse.
No es muy difícil decirle a uno que lo voy a agregar con la dirección del otro y decirle al otro que agregue a la dirección del primero.
No es muy difícil pedirles a los dos que lo primero que hagan sea mostrarme su webcam y aceptar la mía.
No es muy difícil desconectarme del MSN e imaginar el horror y el desconcierto cuando los dos se vean masturbándose y no entiendan dónde está Majo ni qué hace el otro ahí.
Lo que sí es muy difícil es imaginarme sus caras cuando vengan a trabajar mañana. Faltaron los dos hoy. Los dos alegaron vómitos. Curioso.

martes, 8 de diciembre de 2009

Hay tanto ahí afuera

Nuestra sensibilidad audiovisual proviene o de Buenos Aires o de California o de New York. Hay pasitos al costado, sí. Rosario. Boston. Chicago. ¿Pero cuántos de nosotros nos hemos sentado ante tanta música, series y películas de Marruecos, Tailandia, Tierra del Fuego, Islandia o Rumania como lo hemos hecho ante las de Buenos Aires, California o New York? Hay tantas sensibilidades, tantas historias, tantos recursos ahí afuera.
Sin ir más lejos, el otro día veía la película egipcio-israelí La visita de la banda. En ella, un egipcio cuenta sobre un concierto que está componiendo desde hace años pero que no puede terminar. El israelí, fascinado ante la música que el otro le tocó, le pregunta porqué no lo puede terminar. El músico dice apenas “Mi mujer quedó embarazada… El tiempo…”
Eso solo.
Con eso solo habló de las resignaciones, de los sueños, de la imposibilidad a veces de cumplirlos, de la vida misma.
En determinado momento, mientras el israelí y el egipcio están en una habitación, mirando a un bebé durmiendo, el israelí le dice “Quizá así debe terminar tu concierto. No con trompetas y platillos. Así, repentinamente. Un cuarto. Un bebé durmiendo. Silencio. Y toneladas de soledad.” Y el egipcio tira de un piolín y suena una canción de cuna y tararea y no dice nada pero sabemos que tiene el final de su concierto.
Eso solo.
Con eso solo habló sobre la vida, sobre las toneladas de soledad, esa frase, dios mío, sobre cómo el fin de la vida, de los sueños y de los deseos de un hombre es la canción de cuna del otro. ¿O pensaban que sólo se trataba de un concierto?
Hay tantas sensibilidades, tantas historias, tantos recursos ahí afuera. Tantas esperanzas, ganas, sorpresas, músicas, alegrías, melancolías. Y son tan distintas la una de la otra. Tan ricas. Tan fértiles.
Y acá estamos. Trabajando en un feriado. En una empresa de telecomunicaciones norteamericana. Pareciera el punto cumbre de la ausencia de esperanzas, ganas, sorpresas, músicas, alegrías y melancolías. Pero eso no es todo. Estoy en un curso de inglés. Y no sólo eso. Nos ponen como ejemplo un capítulo de Two and a half men. Y la gente ríe y me siento enteramente de otro mundo. Aplastado por toneladas de soledad.
Pero bueno. Supongo que debo soportarlo. Supongo que debo esperar a salir del curso y finalizar la venganza que con Majo elaboramos para el gordo Spam y para Ramiro. Nunca lo verán venir. Saqué la idea de una película sueca. Hay tantas sensibilidades, tantas historias, tantos recursos ahí afuera.